La novela de detectives es sin lugar a dudas un género muy laureado por los lectores, no sólo por sus complicadas tramas sino también por la recreación de ambientes siniestros y misteriosos, pero sobre todo, por sus protagonistas: los detectives. Ian Rankin ha sabido explotar a su personaje  John Rebus, un cascarrabias y solitario investigador que aparece en diez de sus novelas, ambientadas en su Escocia natal, y en donde Rebus debe resolver casos de lo más variopintos.

Recientemente ha recibido el premio Pepe Carvalho -detective patrio creado en los setetenta por Vázquez Montalbán– en el festival de novela negra de la Ciudad Condal.
Según afirmó el director del certamen, Paco Camarasa, Rankin ha sido galardonado por “recoger la tradición británica de narrativa policial y actualizarla a nuestros tiempos”, y para “pedirle que nos devuelva” a Rebus, Esta petición se debe a que en su última novela “Música de adiós” no aparece el conocido personaje con el que ha cosechado grandes éxitos.  Aunque el escritor bromea diciendo: “He conseguido fama gracias a mi reputación de apurado realismo. En Escocia los detectives se ven forzados a jubilarse a los 60. No lo sabía, me lo dijo un amigo policía, y no tuve más remedio que jubilar a Rebus”. Sin embargo, para alivio de sus lectores, aseguró: “que esté jubilado no quiere decir que no pueda continuar sus historias. Ahora ayudará a la policía como simple ciudadano. Los personajes mueren cuando te aburres con ellos o ya no tienes nada nuevo que descubrir, y esto todavía no ha pasado”. 

 

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Los protagonistas de la película El Gran Gatsby en la portada de Time

Si en la anterior publicación sobre Oscar Wilde hacía referencia a una de sus obras en las que hace una burla a la sociedad inglesa del siglo XIX por su afán de mantener las apariencias. F. Scott Fitzgerald hace lo mismo en esta obra pero en su propia patria: Estados Unidos. A muchos les sonará más este autor por ser el creador de la versión escrita de El curioso caso de Bejamin Button, recientemente versionada en la gran pantalla de la mano de David Fincher, y con los conocidos actores Brad Pitt y Cate Blanchet.

Pieza clave de la denominada Generación Perdida compuesta por pesos pesados de la literatura como: John Steinbeck, Hemingway, Cummings y McLeish. El nombre del grupo fue acuñado por Gertrude Stein quien utilizó este nombre para referirse a otros norteamericanos, más jóvenes e impetuosos que ella, que vivieron en el París de los añosveinte y que acudían muchas veces a su hogar de la rue de Fleurus para reunirse.

En una reseña realizada por Vargas Llosa, en “La verdad de las mentiras”,  destaca la declaración que realiza el autor sobre el protagonista de esta obra, Jay Gatsby: “Es lo que siempre fui: un joven pobre en una ciudad rica, un joven pobre en una escuela de ricos, un muchacho pobre en un club de estudiantes ricos, en Princeton. Nunca pude perdonarles a los ricos el ser ricos, lo que ha ensombrecido mi vida y todas mis obras. Todo el sentido de Gatsby es la injusticia que impide a un joven pobre casarse con una muchacha que tiene dinero. Este tema se repite en mi obra porque yo lo viví”.

Scott Fitzgerald vuelca sus frustraciones personales en esta obra publicada en 1925, en la que evoca casi sin esfuerzo el escenario de Nueva York durante los “felices años veinte”. No tan felices para el protagonista que no consigue aquello que anhela. La trama romántica se combina perfectamente con la escasa ética y la corrupción muy presentes en este libro, que destaca por su novedoso enfoque narrativo y por la crítica que realiza a la persecución – a toda costa y sin tener en cuenta las consecuencias- del sueño americano.

Se dice que con esta obra Wilde alcanzó la cumbre dramática. Incluso algunos añaden que es su mejor obra. Lo que sí que es indiscutible es que es una de las piezas teatrales más exitosas de todos los tiempos. Representada por primera vez en el 14 de febrero de 1895 en el teatro St. James’ de Inglaterra. Su originalidad es innegable, incluso en el propio título hay un juego de palabras, pero para entenderlo hay que hacer referencia al título en su lengua original: The importance of being Earnest. Ernest es el apodo de uno de los personajes, pero que se pronuncia igual que earnest que significa formal (para todos los personajes es fundamental dar una apariencia de formalidad). El problema de leerlo en otra lengua es que se pierden, al igual que el del título, otros juegos de palabras.

El carácter irreverente del autor se plasma en sus páginas, en las que pretende realizar una crítica a los convencionalismos, la falsedad y frivolidad que impera en las clases altas de la sociedad inglesa;  pero no a base de comentarios insulsos y ataques directos, sino a partir de la sátira y el humor, presentes en sus mordaces diálogos, que dan lugar a situaciones muy cómicas.
No es que pretendiese cambiar a la sociedad, simplemente pretendía retratarla, declaración de intenciones presente en el subtítulo: “Una comedia trivial para gente seria”.

Ambientada en la época victoriana, trata de un hombre llamado Mr. John Worthing, que inventa otra personalidad, Ernesto, con ella pretende divertirse, evitar sus responsabilidades y  conseguir aquello que se propone. Mr. Algernon Moncrieff, es su íntimo amigo que también crea otra personalidad ficticia: Bunbury, además es quién le presenta a su prima, que se enamora rápidamente de John y quién cree que está avocada a casarse con alguien que se llame Ernesto. A partir de este momento se inicia un enredo amoroso, y las mentiras y engaños se suceden de tal forma que algunas situaciones llegan hasta el absurdo, hasta que finalmente las invenciones se van descubriendo. En fin, esta es a grandes rasgos la intrincada trama que plantea Wilde, y de la que no puedo decir mucho más porque sino revelo el final.     
Finalmente, sólo añadir que es una novela de lo más entretenida así que para quien quiera saber cómo acaba todo este lío, recomiendo su lectura.

Christopher Marlowe (1564–1593) vivió durante la misma época que Shakespeare, lo que fue todo un lujo, pero también un inconveniente para sus obras, que han quedado  bajo la sombra de las del creador de “Romeo y Julieta”, aunque en sus primeros trabajos, es indudable la influencia de Marlowe. Es más, existe la hipótesis de que el personaje de Edmundo del Rey Lear está basado es su propio carácter.

Este escritor es bien conocido no sólo por sus obras sino también por su temperamento, criticado en muchas ocasiones por sus coetáneos, como por ejemplo Thomas Kyd, que decía de él que tenía unas opiniones “monstruosas”, era demasiado intempestivo y tenía un “cruel corazón”.  Existe una estrecha relación entre su trabajo y su vida, sus personajes dramáticos son de una manera u otra como él: rompen las reglas, sus orígenes son de clase baja pero después se hacen con la fama y el éxito, son conflictivo, grandilocuentes…

La vida de este poeta y representante del teatro isabelino, con obras como “Tamerlán el Grande” o “La trágica historia del Doctor Fausto” en las que destacan sus complejos personajes , es de lo más agitada: trabajó como espía a las órdenes de Lord Walsingham, también fue contertulio de la Escuela de la Noche, que enseñaba secretamente dos doctrinas, el ateísmo y la infinitud del espacio, e incluso acabó en prisión en varias ocasiones por participar en reyertas, hasta que en una de ellas, con tan sólo 29 años  fue apuñalado por Ingram Frizer mientras discutían sobre quién pagaría la cuenta. Anthony Burgess publicó en 1993, “Un hombre muerto en Deptford” en donde narra su propia visión de la vida y muerte de Marlowe.

 

Maya Angelou (4 de abril de 1928- Sant Louis)  es una de las voces más aclamadas de la literatura contemporánea. Firme defonsora de los demócratas estadounidenses y devota creyente de que la igualdad entre personas de distinta raza es posible. Es el típico ejemplo de mujer hecha a sí misma, que sabe lo que quiere y lucha por conseguirlo. Sus obras, son reflejo de su vida, de su lucha contra las dificultades y su superación. “Sé porqué el pájaro enjaulado canta” (1970) es la autobiografía de una mujer atormentada por su pasado pero que mantiene el optimismo en el futuro. En un entrevista con Oprah reflejó exactamente ese espíritu idealista: “He aprendido que por malo que parezca lo que ocurra; por malo que parezca el día de hoy, la vida sigue, y mañana será mejor”.   

Esta es la elegía, recitada por la actriz Queen Latifah durante el tributo realizado al cantante el 7 de julio de 2009 en el Staples Center de Los Angeles (California), que Angelou creó para homenajear póstumamente al cantante:

 LO TUVIMOS  

 Amados, ahora que sabemos que no sabemos nada
Ahora que nuestra estrella radiante y brillante
se ha esfumado de nuestras manos
como una brisa de viento de verano.

 Sin notarlo, nuestro querido amor puede escaparse de nuestro abrazo.
Cantando nuestras canciones entre las estrellas
y danzando nuestros bailes en la cara de la luna.
 
En el momento en que supimos que Michael partió, no supimos nada.
Ningún reloj nos puede decir la hora
y ningún océano puede formar olas ante la abrupta ausencia de nuestro tesoro.
 
Aunque somos muchos, cada uno de nosotros sufre a solas, herido a solas
Sólo al manifestar nuestra confusión podremos recordar
que él fue un regalo para todos nosotros
y que nosotros lo tuvimos.
 
Llegó a nosotros por el Creador,
derrochando su creatividad en abundancia.
A pesar de la angustia,
su vida estuvo envuelta en amor, el amor a la familia
y sobrevivió e hizo mucho más que eso.
 
Él se desenvolvió con pasión y compasión, amor y estilo.
Nosotros lo tuvimos,
supiéramos o no quién era,
él fue nuestro y nosotros fuimos suyos.
 
Nosotros lo tuvimos, hermoso, deleitando nuestros ojos.
Con su sombrero, inclinado sobre su ceja,
y se paró sobre los dedos de sus pies para todos nosotros  
y reímos y agitamos nuestros pies por él.
 Nos hechizó con su pasión porque él no tenía nada. 
Él nos dio todo lo que poseía.
 
 Hoy en Tokio,
a los pies de la torre Eiffel,
en la plaza de la estrella negra en Ghana,
en Johannesburgo,
en Pittsburg,
en Birmingham,
Alabama
y en Birmingham Inglaterra,
extrañamos a Michael Jackson.
 
Pero sabemos que nosotros lo tuvimos
Y nosotros somos el mundo.
      

  

Continuación de la entrevista en El País de Paul Auster

En la novela resuenan algunos temas de actualidad. Por ejemplo, el asunto de la evasión de la justicia que obsesiona al protagonista. Este viejo debate ha cobrado nueva fuerza con el caso de Roman Polanski, con quien Auster coincidió en los noventa en un jurado del Festival de Venecia. “Terminé el libro mucho antes de que le detuvieran”, explica el escritor, uno de los firmantes del manifiesto en apoyo del director. “Éste es un asunto muy triste. Es un hombre mayor y no entiendo por qué esperaron 30 años para detenerle. Firmé porque me pareció injusto. Hasta donde yo sé, el juez estableció como pena que pasara un tiempo en un hospital psiquiátrico y Polanski cumplió. Luego el juez se retractó y fue entonces cuando se dio a la fuga. Ahora de pronto a todo el mundo le importa este caso, y yo la verdad es que creo que esto ya no es un caso”.

La publicación del manuscrito póstumo e inacabado es otro de los ejes estructurales de Invisible. ¿Qué opina de la reciente y polémica publicación del último libro de Nabokov? “Él dijo que no quería que se publicase y su hijo ha tomado ahora la decisión de sacarlo a la luz”, contesta. “En el caso de mi novela, no creo que Walker tuviera nunca en mente publicar lo que escribía. Se trata de introducir no ficción dentro de la ficción”. El juego narrativo que Auster establece divide la novela en tres partes, con tres narradores y varios saltos entre pasado y presente. “Todo fue orgánico. Las historias me llegan de esa manera: emanan de una necesidad por contar y llega todo de golpe. Así es con todo mi trabajo. Es instinto, una sensación”, sonríe. “No puedo defenderme”.

La narración de Invisible pasa por la primera, la segunda y la tercera persona. “Cada una te pone en un estado mental diferente”, asegura. “La segunda persona es la que da más miedo, de alguna manera parece que vuelve la historia del revés. A Walker le permite tomar distancia de sí mismo y al mismo tiempo el lector penetra bajo la piel del narrador, produce intimidad”.

¿Es la intimidad lo más importante en literatura? “Depende de lo que quieras hacer. A veces uno busca objetividad y distancia”. Confiesa que las escenas íntimas han sido lo que más le ha costado. “Lo más difícil es escribir sobre sexo, y en este libro hay mucho”.

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Grupos que hacen su peculiar interpretación de libros como: El maestro y Margarita, El retorno del rey, 1984, Annabel Lee, El señor de las moscas o Los viajes de Gulliver.

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