Los protagonistas de la película El Gran Gatsby en la portada de Time

Si en la anterior publicación sobre Oscar Wilde hacía referencia a una de sus obras en las que hace una burla a la sociedad inglesa del siglo XIX por su afán de mantener las apariencias. F. Scott Fitzgerald hace lo mismo en esta obra pero en su propia patria: Estados Unidos. A muchos les sonará más este autor por ser el creador de la versión escrita de El curioso caso de Bejamin Button, recientemente versionada en la gran pantalla de la mano de David Fincher, y con los conocidos actores Brad Pitt y Cate Blanchet.

Pieza clave de la denominada Generación Perdida compuesta por pesos pesados de la literatura como: John Steinbeck, Hemingway, Cummings y McLeish. El nombre del grupo fue acuñado por Gertrude Stein quien utilizó este nombre para referirse a otros norteamericanos, más jóvenes e impetuosos que ella, que vivieron en el París de los añosveinte y que acudían muchas veces a su hogar de la rue de Fleurus para reunirse.

En una reseña realizada por Vargas Llosa, en “La verdad de las mentiras”,  destaca la declaración que realiza el autor sobre el protagonista de esta obra, Jay Gatsby: “Es lo que siempre fui: un joven pobre en una ciudad rica, un joven pobre en una escuela de ricos, un muchacho pobre en un club de estudiantes ricos, en Princeton. Nunca pude perdonarles a los ricos el ser ricos, lo que ha ensombrecido mi vida y todas mis obras. Todo el sentido de Gatsby es la injusticia que impide a un joven pobre casarse con una muchacha que tiene dinero. Este tema se repite en mi obra porque yo lo viví”.

Scott Fitzgerald vuelca sus frustraciones personales en esta obra publicada en 1925, en la que evoca casi sin esfuerzo el escenario de Nueva York durante los “felices años veinte”. No tan felices para el protagonista que no consigue aquello que anhela. La trama romántica se combina perfectamente con la escasa ética y la corrupción muy presentes en este libro, que destaca por su novedoso enfoque narrativo y por la crítica que realiza a la persecución – a toda costa y sin tener en cuenta las consecuencias- del sueño americano.

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