Christopher Marlowe (1564–1593) vivió durante la misma época que Shakespeare, lo que fue todo un lujo, pero también un inconveniente para sus obras, que han quedado  bajo la sombra de las del creador de “Romeo y Julieta”, aunque en sus primeros trabajos, es indudable la influencia de Marlowe. Es más, existe la hipótesis de que el personaje de Edmundo del Rey Lear está basado es su propio carácter.

Este escritor es bien conocido no sólo por sus obras sino también por su temperamento, criticado en muchas ocasiones por sus coetáneos, como por ejemplo Thomas Kyd, que decía de él que tenía unas opiniones “monstruosas”, era demasiado intempestivo y tenía un “cruel corazón”.  Existe una estrecha relación entre su trabajo y su vida, sus personajes dramáticos son de una manera u otra como él: rompen las reglas, sus orígenes son de clase baja pero después se hacen con la fama y el éxito, son conflictivo, grandilocuentes…

La vida de este poeta y representante del teatro isabelino, con obras como “Tamerlán el Grande” o “La trágica historia del Doctor Fausto” en las que destacan sus complejos personajes , es de lo más agitada: trabajó como espía a las órdenes de Lord Walsingham, también fue contertulio de la Escuela de la Noche, que enseñaba secretamente dos doctrinas, el ateísmo y la infinitud del espacio, e incluso acabó en prisión en varias ocasiones por participar en reyertas, hasta que en una de ellas, con tan sólo 29 años  fue apuñalado por Ingram Frizer mientras discutían sobre quién pagaría la cuenta. Anthony Burgess publicó en 1993, “Un hombre muerto en Deptford” en donde narra su propia visión de la vida y muerte de Marlowe.

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