Ayer falleció J.D. Salinger con 91 años en su casa de Cornish (New Hampshire). Se ha convertido en uno de los clásicos de nuestra época con su mítica obra “El guardián entre el centeno” publicada en 1951 y con unas 65 millones de copias vendidas en todo el mundo. Sin embargo poco se sabe de él, de hecho ha sido calificado por los medios como “el recluso literario”, aunque hoy sin duda es protagonista de todos ellos. Siempre se mantuvo al margen de la fama o de los grandes bullicios. Incluso se enfrentó en los tribunales con algunos de los que se aventuraron a escribir su biografía. Su hija, Peggy Salinger, también quiso contar más sobre el escritor en “El guardián de los sueños” lo que le costó caro porque su padre y su hermano acabaron desterrándola.

Parece que la actividad literaria de Salinger había finalizado, pues desde 1965 no publicaba nada nuevo,  pero nada más lejos de la realidad, según él mismo afirmaba: “Adoro escribir y aseguro que escribo regularmente. Pero escribo para mí y quiero que me dejen completamente tranquilo mientras lo hago”.

Desde adolescente escribía relatos y con el fin de mejorar decidió ingresar en la Universidad, pero su paso por Columbia o la universidad de Nueva York fue efímero. Consiguió publicar algunos de sus trabajos en revistas neoyorquinas como: Story, Saturday Evening Post, Esquire y The New Yorker- que muestra todas las colaboraciones del escritor- . Tiempo más tarde, cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, se alistó como voluntario e incluso participó en el Día D. Su experiencia como sargento le llevó a escribir la obra de temática bélica “Nueve cuentos” que incluye “Un día perfecto para el pez banana” o “Para Esmé, con amor y sordidez”. Posteriormente escribió otras novelas: “Franny y Zooey” y “Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción”.

Anuncios