Philip LarkinPhilip Larkin (Coventry 1922 – 1985) es uno de esos poetas que no son especialmente conocidos pero que sin lugar a dudas han hecho una gran contribución a la Literatura. No es que tenga una larga producción literaria, sino más bien todo lo contrario. Su colección de poemas  no es muy extensa, lo que no significa que en ella no haya lo que muchos han considerado maravillas. Andrew Motion, poeta laureado por la corona británica en el 2000 y biógrafo de Larkin, ha destacado la brillantez con la que el poeta ha capturado esas grandes cosas de la vida, como por ejemplo el amor y sus errores o la juventud  y su desvanecimiento. Con un lenguaje que es profundamente familiar  y a la vez memorable. Larkin siempre habla de corazón al corazón. Este es un poema que representa cómo el tiempo se nos escapa: Tempus fugit.

Nuestra vida, al igual que en el caso de los árboles, está compuesta por etapas que empiezan y acaban, a veces bien y a veces mal, si se da este último caso, lo importante es recomponerse y volver a empezar, como la hoja que vuelve a brotar cada primavera.  

 

LOS ÁRBOLES

Los árboles comienzan a brotar

como si algo estuviera a punto de decirse;

los nuevos tallos descansan y se extienden,

en su verdor hay una especie de tristeza.

¿Es que ellos nacen de nuevo

y nosotros nos hacemos más viejos?

No, ellos también mueren.

Su truco anual de verse como nuevos

Está inscrito en los anillos de madera.

Sin embargo, los incansables castillos se deshacen

de su gruesa madurez cada Mayo.

Ha muerto el último año, parecen decir,

Comienzan  otra vez, otra vez, otra vez.

 

Es bastante complicado realizar una traducción de este poema, pero he intentado mantener la máxima exactitud. Desde luego que la poesía vale mucho más en su idioma original.

 

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