Ilustración de Wilkie Collins

Wilkie Collins. Ilustración de Michael Nicholson

Hoy hace 176 años que nació el que se considera uno de los precursores de las novelas de suspense y de detectives: Wilkie Collins. Nació un 8 de enero en Londres y en su trayectoria como escritor destacó sobre todo por sus novelas de ficción y sus obras teatrales. Pero sin duda, alcanzó el éxito  gracias a dos de sus obras. La primera es “La dama de blanco” (The woman in White): una historia de amor imposible entre un profesor y su alumna, en la que se entrecruzan los intereses y el misterio de una mujer de blanco. La trama gótica y sugerente ha hecho de esta obra un clásico, que ha cumplido hace pocos meses su 150 aniversario. Y la segunda  “La piedra lunar” de 1868,  calificada por Dorothy L. Sayers como “muy probablemente la mejor historia de detectives jamás escrita”. Pero antes de ellas, Collins ya tenía una larga trayectoria, su primera obra se publicó en 1843, después de ésta comenzó a estudiar Derecho, y tiempo después recuperó su pasión por la Literatura y publicó en 1850 “Antonina o la caída de Roma”, una novela con un perfil histórico. Con 27 años, acabó su carrera de abogado, aunque nunca llegó ejercer como tal. Pero si que este background le sirvió a la hora de redactar sus novelas. A partir de entonces comenzó su estrecha relación con Charles Dickens, lo que sin lugar a dudas influyó de forma determinante a sus obras. Fue un gran guía y una auténtica inspiración; le ayudó especialmente a llevar a sus novelas algo de humor y a crear personajes más creíbles. Su relación también se hizo patente en All year round y Housebold Words, los periódicos dirigidos por Dickens, y en los que Collins trabajó como editor. Además, le sirvieron de trampolín para publicar algunas de sus novelas por entregas. Esta colaboración fue un paso más allá cuando crearon conjuntamente dos novelas cortas: “Calle sin salida” y “El perezoso viaje de dos aprendices ociosos”.

La última obra que se ha presentado del autor inglés es “En mares helados” en 2009. Una novela que mantiene el habitual suspense de Collins y que consigue enganchar al lector hasta sus últimas páginas.

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