Busto de Hemingway en Cojímar

Hace casi 60 años que Ernest Hemingway finalizó esta obra estando en Cuba. En tan solo dos días, consiguió vender más de cinco millones de ejemplares de esta historia basada en la vida de un pescador de un pequeño pueblo llamado Cojímar (a unos quince kilómetros de La Habana).

La obra está protagonizada por un pescador que se llama Santiago, dedicado toda la vida a esta profesión, pero que durante los últimos ochenta y cuatro días, no había conseguido que ni un solo pez picase el anzuelo. Con él, solía faenar un joven llamado Manolín que, obligado por sus padres, comenzó a trabajar con otros pescadores que tenían mucho más éxito.             

Había aprendido todo lo que sabía gracias al anciano por eso le guardaba cariño y admiración. Sentía también cierta tristeza al verle llegar todos los días con las manos vacías. Por eso, siempre le ayudaba, aunque sólo fuese a recoger el arpón, la vela, el mástil etc.

Nadie confiaba en que el viejo consiguiese pescar algo, aunque no carecía de experiencia y valor, parecía que la suerte nunca estaba de su lado; pues mientras los demás barcos siempre lograban alguna captura, los esfuerzos de Santiago parecían infructuosos.

Tras 85 días saliendo a la mar y una lucha extenuante entre el pez y el pescador, finalmente el hombre se hace con su presa: un pez espada de más de cinco metros.  Pero esta tremenda hazaña queda truncada por unos cuantos tiburones, que parece que quieren tirar por la borda todo el trabajo del anciano.

Temas universales como la soledad, el esfuerzo, el fracaso, la amistad o la limitación del hombre frente a la naturaleza, entre muchos otros; son los que aparecen en esta obra considerada uno de los grandes clásicos de la Literatura. A pesar de lo que pueda parecer, El viejo y el mar, no es una novela con un desenlace triste; más bien todo lo contrario.
Es un canto a la esperanza, al valor del esfuerzo, a la importancia de no rendirse aunque las condiciones sean desfavorables, a superarnos ante los obstáculos.

Lo importante no siempre es ganar la batalla, sino aprender de ella.

Esta obra llevó a Hemingway a ganar el premio Pulitzer en 1953 y el Nobel de Literatura un año después.  En 1958, seis años después de su publicación, fue adaptada al cine  por John Sturges y Spencer Tracy haciendo una magnífica interpretación del viejo, consiguió ser nominado al Oscar al mejor actor.  También se realizó en 1990 una adaptación para la pequella pantalla de la mano de Anthony Quinn.

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