Un avión con una treintena de niños ingleses que sobrevuela el océano es atacado, son tiempos de guerra. La Segunda Guerra Mundial ha hecho mella en muchos países y ha diezmado el optimismo en la  sociedad y la restauración del orden.

Los supervivientes son niños de entre seis y doce años que deben vivir en una isla desierta. Lo que al principio parece una divertida aventura, en la que pueden hacer lo que les venga en gana, ya que no hay adultos que les digan lo que pueden o no pueden hacer. Pero poco a poco empieza a ser un caos. Impera la anarquía. No hay normas o leyes que organicen su nuevo estado de náufragos, aunque todos acaban siguiendo a uno de los niños, Ralph, quién introduce una serie de ritos que los demás deben seguir para  mantener una cierta estabilidad. La parte más racional, está encarnada por Piggy. Nunca le toman en serio y se burlan de él; pero en realidad sus ideas son las más acertadas y coherentes.
Conforme las dificultades van aumentando, comienza a gestarse la fragmentación en dos grupos diferentes. Al mando de uno Ralph, mantiene las normas, es sensato y cabal; mientras que en el otro está  Jack, que lidera como un auténtico déspota. En esta novela coral, cada personaje representa una determinada actitud; de esta manera se crean contrastes que enriquecen en gran medida la narración.

La paradoja de esta fábula moral es principalmente el hecho de que unos niños, inocentes a priori, son capaces de comportarse de forma salvaje y despiadada. Es una reflexión muy interesante sobre la evolución del comportamiento de los niños en una situación de libertad ilimitada y carente de obligaciones. La lucha entre los dos bandos se va haciendo cada vez mayor hasta tener unas consecuencias terribles.
La tesis de Golding basada en que el mal es connatural a la condición humana se encuentra presente en cada una de sus páginas. Sigue la teoría de Hobbes basada en que el hombre vive una guerra contra todos, sustentado en buena medida, por el miedo hacia los demás; pero nuestra racionalidad debe imponerse y encauzar la situación.     

En 1983 esta obra hizo que el británico William Golding (1911 – 1993) fuese reconocido con el Premio Nobel de Literatura y actualmente se considera un clásico de la Literatura,  incluso ha llegado a las grandes pantallas primero de la mano de Peter Brook en 1963 y después de Harry Hook en 1990. A continuación podéis ver un pequeño fragmento de esta última:

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